jueves, 9 de noviembre de 2017

MISTERIO



Amo el misterio,
vivo el misterio.
Amo lo que no veo,
amo lo que no comprendo.

Lo que está lejos,
lo que está difuso,
Lo que sospecho
pero no alcanzo.

Resuenan cuerdas,
como de arpas,
su sonido es lejano
y hermoso.

Miro una brizna
de hierba fresca.
Miro una estrella
blanca y lejana.

Olas que mueven
el mar en calma,
vientos sobre el mar
y sus espumas.

Graznan gaviotas
sobre mi cabeza.
Algo pretenden
enseñarme.

Miro el sol
ciega mis ojos.
Miro las sombras,
también del sol.

Misterio…
Misterio…


jueves, 12 de octubre de 2017

MUJER...





El vuelo de tus faldas me enamora,
su ritmo, su belleza y armonía,
habita, dulce, en mi alma noche y día,
y en mis ojos en horas y deshoras.

Es la tierra, su fuerza y sus entrañas,
que vive en tu cuerpo iluminado,
y en mi cuerpo celeste y desarmado
desata y bullen tormentas extrañas.

El alma del planeta canta en ti
canciones olvidadas del Creador
con letras de parto, dolor y amor
y dulces notas que escritas leí.

Camina, caminando mueve el aire,
y en enigmáticas ondas se agita,
envidia me da a veces que te quita
tu belleza espléndida en desaire.



jueves, 28 de septiembre de 2017

NO ME DIGAS PALABRAS BONITAS









No me digas palabras bonitas,
bellos sonidos y tiernos olores,
no me digas palabras bonitas,
que eso ya lo hacen los grandes cantores.

Mi alma se duerme, marchitan mis flores,
en cuna se mece y morir parece
mi ser guerrero que guerras ansía
y en ellas ganar el fin que merece.

Dime mejor palabras de fuerza,
arengas tronantes de voz imperiosa
luz cegadora de fuerza divina
certezas directas con sangre de rosas.

No me digas palabras bonitas,
Dime mejor palabras de fuerza…

No me digas palabras bonitas…





jueves, 24 de agosto de 2017

Cádiz, la ciudad de los balcones









Bien se podría bautizar a mi ciudad con ese nombre, porque, si hay algo que forma parte de su identidad son sus balcones, los balcones de sus casas.

Y los hay de dos clases. Balcones y cierros. Ambos son de la mayor utilidad y prácticamente todas las casas disponen de ambos lujos.

¿Qué es una casa sin ellos? Las ventanas son útiles, pero solo sirven para mirar a lo lejos, en avenidas anchas o en casas en el campo, pero en nuestro caso, donde las calles son casi igual de anchas que el patio interior del edificio ¿qué podríamos ver desde una ventana? A lo sumo averiguar qué está haciendo el vecino de enfrente, pero no lo que ocurre en la calle. Por eso los balcones no son algo ocioso, sino algo necesario.

Parecería que somos chismosos, pero no, lo que pasa es que en mi cuidad ocurren muchas cosas en la calle, porque la calle no es solo vía de vehículos y peatones, sino algo así como la prolongación de las casas. Pasan muchas cosas de interés, casi casi tantas como dentro de las mismas casas.

En Cádiz las calles son “habitables”, sobre todo durante el buen tiempo, que suele ser casi todo el año, menos los meses de lluvia. En la época de calores, en el verano, es habitual en muchos barrios que la terraza natural de los hogares sea la calle. Unas sillas fuera, quizá una mesita de playa, unos tintos con gaseosa, y ya está. Fresquitos y contentos. Ligeritos de ropa se puede pasar una tarde-noche agradable charlando con un vecino o amigo de lo divino y de lo humano. Es una gloria, lo más parecido al paraíso perdido. Y si la parienta ha asado unas caballitas y nos las pone por delante con su piriñaca… ya… no tiene nombre la cosa.

Y ¿qué hacer con un balcón si llueve o hace frío? Pues que hay que recurrir al cierro. No se si en tu ciudad hay cierros, por si acaso te lo explicaré. Es sencillo, verás. Se cubre el balcón, justo por dentro de la baranda, con un cerramiento de madera y cristales, desde el piso hasta la altura del techo de la casa. Y ya está, ya estamos libres de lluvia, viento y frío. Que hace bueno, se abren las hojas de ventanas y se aseguran, por aquello del viento, con aldabillas, y de esta manera no se cerrarán bruscamente. Que hace malo, se cierran todas las ventanas y se mira a través de los cristales. La calle siempre a la vista, esto es lo importante.

Además, es un buen vivero natural para las macetas, llenas de luz y abrigadas de vientos y frío. Una tarde de lluvia leyendo o cosiendo, sentado en tu sillita preferida, junto al cierro, es una bendición. Y también, su techo, realizado con placas de zinc, es un hábitat perfecto para el anidamiento de palomas. En conjunto, un elemento perfecto no solo para la paz y el disfrute de los seres humanos, sino para la el cultivo de plantas y la crianza de pichones.

En el siglo XVIII hubo un problema, pero se solucionó pronto, no sin un costo adicional. Las señoras y señoritas usaban miriñaques para dar un vuelo artificial pero elegante a sus faldas, y ese artilugio necesitaba una estructura flexible de varillas para mantener abierta la falda, por lo que molestaba la parte inferior del cierro o del balcón. ¡Pues la solución es simple, se le da a la parte inferior la forma adecuada y ya está!




- Pero, Manolo, estas esquinas del cierro son muy antipáticas, cuando estoy mirando algo y paso la vista por ellas me lo pierdo de vista por un momento, ¡y en un momento puede pasar lo más interesante…! ¿no lo podrías arreglar?
- Siiiii… lo pensaré…
Ya está, saldrá algo caro, pero ya está.
- Eres un cielo, Manolo, ¿qué vas a hacer?
- Pues ¿qué va a ser?, que encargaré cristales curvos para las esquinas, que los he visto en casa de los Fossi. Sé que son caros, pero para ti no hay nada demasiado bueno…
- Manolo… mi Manolo…



Ese fue el motivo de la invención de los cristales curvos, y de las barandas curvas… Como se puede ver, la mujer siempre es motor de progreso y de arte…, todo debido a las curvas, como no… por algo lo femenino siempre estuvo enemistado con lo rígido y anguloso.

¡Ya viene el Nazareno, ya viene el Nazareno, vamos al cierro! Y desde allí, como almenas con toldillas, se ve llegar a la santa imagen en su gran pedestal, meciéndose como llevada por las aguas. Y pasa tan cerca que puedes tocar la plata de sus velones y extraer algo de su santidad para presignarte.

¡Ya está aquí la Virgen de los Dolores, bajo su palio, rodeada de flores y del fuego de sus infinitas velas encendidas!




Casi rozando las farolas, en el silencio de la noche, turbado solo por el crujir cimbreante de los varales, llega majestuosa.

Y todo sucede allí, bajo nuestra mirada atónita, tan cerca, que los aromas del incienso y el humo de las velas penetran por toda la casa, y los sonidos de las trompetas, de los tambores, y del gentío… toda una maraña de sensaciones que atraviesan milagrosamente hasta la última fibra del alma.

Todo ocurre en la calle…

Y luego, en Carnaval…
- Mira, ahí va la tía Juanita, vestida de guardia civil, y su marido, disfrazado de pulpo de La Caleta… ¡qué ganas de juerga tienen siempre! ¡No se cansan!

¡¡¡ Al rico pirulí de La Habana!!! ¡¡¡Arropías, llevo arropías!!! ¡¡¡Cangrejo, boca, camarone…!!! ¡¡¡Niña, recién cogio, que dan sartos!!! ¡¡¡M’acaba de mordé un cangrejo moro, niña…¡¡¡



El gentío va y viene, como el oleaje, y el murmullo resuena como el batir de las olas en las rocas. Arriba, abajo, arriba… abajo. Todos ríen, bailan, se dicen cosas, se abrazan… todo el espíritu de las saturnales se infunde en las almas y en los cuerpos.

-¡Échame una copita, que estoy seco…! Y vámonos a tomarnos unas tortillitas de camarones en La Guapa… que están acabaítas de salir…



La Navidad, el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus, el largo y cálido verano, los Tosantos… ¡y dicen que Cádiz no tiene fiestas…! Y es cierto, porque, como dijo el poeta carnavalero… si Cádiz está de fiestas… ¡todo el año...!











jueves, 27 de julio de 2017

¿EXISTE DIOS?



Hay campañas
sobre si Dios existe
o no existe
sobre si probablemente existe
o si probablemente no existe.
Creo que las promueven los ateos,
los creyentes ateos
y los no creyentes ateos.
Me parece que no me conciernen,
porque me parece que van dirigidas
a los sordos,
a los mudos
y a los ciegos...,
a los duros...
de corazón.




Música: "Ave verum corpus", Wolfgang Amadeus Mozart
Fotografía: Abraxas
Montaje: Abraxas





domingo, 2 de julio de 2017

CREDO




A mi ángel guardián,

Que como escudo de cristal me protege de lo negro.
Que siempre delante de mí me lleva por caminos seguros.
Que en mi silencio me susurra al oído las palabras del cielo.
Que dirige mi mirada donde la divina belleza se esconde, diciéndome: “mira”
Que en mi quietud me muestra las almas tras las ventanas abiertas de mis amados.
Que inmerso en mis miedos me hace libre.
Gracias.

De mi ángel guardián,
Cuyo rostro difumina mis andares rastreros.
Al que, en mi bullicio, apagado mi silencio, dejo de escuchar.
A quien, en el remolino del negro vacío, niego su compañía.
Del que, en mi estupidez, dudo de su voz y de sus palabras, tenues pero claras.
Al que reprocho con desesperación su aparente desamparo, y así lo entristezco.
Al que pido, insensato, ande mi camino y elimine los rastrojos que hacen sangrar mis pies, mis manos y mi corazón.
Del que requiero injusto me levante de la necesaria caída.
Perdón






A mi musa celeste,
De la que recibo el aliento para diseminar la belleza, semillas voladoras, a la tierra fecunda de mis hermanos.
La que mueve mis manos, mi garganta, mi mirada y mi oído, en mis actos sagrados.
La que, como el viento suave pero firme, levanta mis alas a las alturas.
La que arranca mis pies del barro para seguir mi senda, sea de flores o de espinos.
La que hace retoñar las ramas secas de mi alma.
La dueña de mis flores y de mis frutos.
La que pone mi corazón en el fuego abrasador que lo purifica.
La que con su pequeño violín hace vibrar lejanas melodías cuyas notas aguzan mi oído y silencian mi ser pequeño.
Gracias

De mi musa celeste,
De quien, en mis lugares oscuros, niego su mirada, dándola al no ser de mi fantasía.
La que, invisibles a veces a mi alma, acuso de enterrar los espacios celestes que ansío.
A la que, en mis días estériles, reclamo y exijo ver su invisible faz.
La que, como Abraxas, da a luz en mi alma los mellizos irreconciliables del amor y del odio.
A la que, en mi egoísmo, considero sólo mía, servidora de todo amante de la belleza y la pureza.
Perdón



miércoles, 21 de junio de 2017

SOLSTICIO





Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
Novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.



miércoles, 14 de junio de 2017

¿DÓNDE HABITA LA POESÍA?




Anoche hablé contigo, y nuestras íntimas miradas me hicieron preguntarme cosas, que ahora te quiero contar.

A veces me pregunto donde va la poesía cuando te abandona. Un poeta hizo una pregunta parecida: Cuándo el amor se acaba ¿sabes tú adonde va?

Me pregunto lo que se preguntaba Leonard Cohen en una de sus canciones:

“¿Where is your famous golden touch?”

¿Dónde dejé la poesía, donde el amor, donde el añorado toque de oro? Seguramente se marcharon de mí en los ojos y en el pecho de mis vírgenes amantes. O se quedaron en los verdes brotes nacientes y poderosos. O se los llevó, al decir del poeta, como el viento de otoño se lleva las hojas pardas.

Pero también estén quizá en el próximo recodo del camino, que ya se vislumbra tras el frío y la niebla del invierno.

Quizá mi mano perdió su pátina de oro cuando dejé de cavar en la mina, cuando dejé de cernir las arenas auríferas de mis arroyos más limpios.

Pero lo que he visto existe, y ya no me puedo engañar. No puedo negar el brillo solar, aunque el cielo hoy esté nublado. Sé que está detrás de las nubes, detrás de mí y de mi desesperanza.

Dime que sí, hermana, dime que mi aliento puede abrasar otra vez, que mi voz puede llevar almas a su nido, que mi mano puede ayudar a guiar a los ciegos, que puedo soportar el peso de los que quiero llevar al otro lado del tránsito doloroso.

Dime que aún tengo fuerzas, que mi corazón enciende aún ilusiones, que mi amor abrasa aún corazones, que mi clarín todavía es capaz de traspasar el ruido y de hacerse oír entre los estériles rumores. Dime, aunque yo no consiga creerlo, que mi voz es aún dulce a tus oídos, que mi alma aún tiene brasas que calientan, y que mi mano aún puede dar caricias que sean benéficas y portadoras de alegría.

Dime… que aún puedo ser amante para un alma sedienta, agua fresca para el abrasado, cama en que repose un alma cansada, musa que inspire un corazón ardiente.

Dímelo.